"Eman ta zabal zazu munduan frutua" ("Gernikako Arbola", de Iparragirre)

30 de noviembre de 2005

Adveniat

Lo malo de la evolución de las palabras es que, a veces, esconden su significado. "Adviento", por ejemplo. Algunos sabrán que viene del latín; que expresa una parte del año. Quienes hayan estado en misa este domingo sabrán que, en concreto, expresa una parte del año litúrgico: las cuatro semanas anteriores a la Navidad. Incluso, en el ámbito de las curiosidades lingüísticas, algún vascohablante podrá saber que "diciembre", en euskera, se dice "abendu", que viene precisamente de ahí.

Pero todo esto no dice nada de la palabra. Hace falta saber algo de latín para reconocer que "adviento" tiene un significado claro y prístino: "la venida". No sé si sería útil empezar a expresar estos términos en castellano: al menos su sentido quedaría más claro. Pero para eso sirven las glosas, claro. Así que gloso.

Llamarlo "la venida" tendría, en cualquier caso, efectos beneficiosos. Lo primero que alguien podría preguntarse es "¿la venida de quién?". Y eso nos situaría más cerca del significado. Porque los cristianos en Navidad no celebramos la llegada de una fecha, ni de un acontecimiento, ni de un símbolo. Y, aunque creemos que los antiguos que celebraban el ascenso del Sol tenían un importante atisbo de la verdad, lo que celebramos nosotros es otra cosa: la venida de una Persona, como cualquiera de nosotros.

Una Persona que, desde los Vacíos Intemporales (por usar términos tolkienianos), decidió venir a sudar y a trabajar igual que a nosotros. A compartir nuestra suerte. Llegó como lo más indefenso, como un niño, igual que todos. Y se despidió entre gritos de dolor, igual que muchos. Entre medio hizo cosas que han quedado en la memoria y han servido de ejemplo. Y después hizo una última cosa: después de recibir nuestros mismos trabajos, decidió compartir con nosotros Su esperanza.

Vino hace ya unos cuantos años. Y su venida fue el acontecimiento central del mundo, y así la celebramos. Por muchas cosas: pero, una importante, por el cariño que tenemos a esa Persona que vino desde lejos, se quedó con nosotros, hizo el bien, y nos recordó que podíamos confiar: y desde Su venida, ya nunca estamos solos.

Buenas razones para preparar un buen tiempo de Adviento.

Escrito por Eleder a las 7:38 a. m.

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